“Y descendiendo con ellos, llenaron ambas barcas, de tal manera que se hundían.” — Lucas 5:7
Hay momentos en los que Dios nos pide hacer algo que, desde una perspectiva humana, parece no tener sentido.
- Perdonar a quien nos hirió.
- Seguir sirviendo cuando estamos cansados.
- Ser generosos cuando los recursos escasean.
- Esperar cuando queremos actuar.
- Perseverar cuando todo invita a abandonar.
La obediencia a Dios no siempre será lógica para nuestra razón. Y precisamente ahí es donde se revela si nuestra confianza está puesta en nuestras capacidades o en Su Palabra.
La historia de Simón Pedro junto al lago de Genesaret es un ejemplo extraordinario. Después de pasar toda la noche pescando, él y sus compañeros regresaron con las redes vacías. Eran pescadores experimentados. Conocían el lago, los horarios y el comportamiento de los peces.
Entonces Jesús, que era carpintero y no pescador, le dio una instrucción inesperada: “Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar.”
Humanamente, aquella orden era absurda. Pedro tenía experiencia. Jesús tenía autoridad. Y cuando ambas parecían entrar en conflicto, Pedro tomó una decisión que cambió su vida.
“Mas en tu palabra echaré la red.”
- No dijo: “Porque lo entiendo.”
- No dijo: “Porque estoy convencido.”
- Dijo: “Porque tú lo has dicho.”
Esa es la esencia de la obediencia. La obediencia precede al milagro. Muchas veces esperamos que Dios nos muestre primero el resultado para después obedecer.
Pero Dios suele actuar al revés. Primero llama a la obediencia. Después revela el propósito.
- Noé construyó un arca antes de que comenzara a llover.
- Abraham salió de su tierra antes de conocer su destino.
- Josué rodeó una ciudad en silencio antes de ver caer sus murallas.
La obediencia nunca ha dependido de entenderlo todo. Depende de confiar en Aquel que sí lo entiende todo.
Hay ocasiones en las que la experiencia puede convertirse en un obstáculo para la fe.
Pedro podía haber dicho:
- “Ya lo intenté.”
- “No es el momento.”
- “No funciona así.”
Y, desde un punto de vista profesional, habría tenido razón. Pero la experiencia humana nunca puede colocarse por encima de la voz de Dios.
Lo que limita al hombre nunca limita al Señor. Cuando Dios habla, las leyes naturales siguen existiendo… pero dejan de ser el límite de Sus posibilidades.
La verdadera pregunta NO es:
- ”¿Tiene sentido?”
La verdadera pregunta es: - ”¿Quién lo ha dicho?”
Si la respuesta es Dios, entonces la obediencia siempre será el camino correcto, aunque todavía no podamos ver el resultado.
Porque nuestra seguridad no está en comprender cada paso. Está en conocer al Dios que dirige el camino.
Aplicación práctica
- No permitas que tus experiencias pasadas definan lo que Dios puede hacer hoy.
- Obedece aunque todavía no entiendas completamente el propósito.
- Recuerda que muchas veces el mayor milagro no ocurre a tu alrededor, sino dentro de ti: una fe que aprende a depender completamente de Dios.
Quizás hoy Dios te está pidiendo algo que desafía tu lógica. Tal vez no ves cómo puede funcionar. Quizás incluso has intentado antes y terminaste decepcionado. Entonces recuerda las palabras de Pedro:
- “Mas en tu palabra echaré la red.”
Porque la fe nunca ha consistido en tener todas las respuestas. Consiste en confiar tanto en la voz de Dios que somos capaces de obedecer, incluso cuando todavía no vemos el milagro. Y muchas veces, la diferencia entre una red vacía y una vida llena de la provisión de Dios no está en la capacidad del pescador, está en la decisión de obedecer la voz del Maestro.

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