CUANDO DIOS PARECE ESTAR EN SILENCIO

”Estad quietos, y conoced que yo soy Dios…” — Salmos 46:10

Hay temporadas en la vida donde el cielo parece cerrado. Oramos… y silencio. Esperamos… y nada cambia. Clamamos… y la respuesta no llega en el tiempo que imaginamos.

Y es precisamente ahí donde nuestra fe deja de ser teórica y se vuelve real.

El contexto del Salmos 46 no es calma, es caos. Habla de montes que se mueven, de aguas que rugen, de tierra que tiembla. No es un paisaje tranquilo; es un escenario de crisis. Sin embargo, en medio de ese entorno inestable, Dios declara: “Estad quietos”.

La quietud bíblica no es pasividad. Es confianza activa.
No es resignación. Es rendición.
No es debilidad. Es dependencia.

Cuando Dios parece en silencio:

  • Está trabajando en lo que no ves.
  • ⁠Está formando en ti lo que aún no entiendes.
  • ⁠Está fortaleciendo una fe que no dependerá solo de emociones.

El silencio de Dios no significa ausencia. Significa proceso.

Muchas veces queremos respuestas inmediatas, pero Dios está más interesado en formar carácter que en conceder soluciones rápidas. Él no solo quiere sacarte del problema; quiere transformarte en medio del proceso.

El oro no teme al fuego, porque sabe que el fuego revela su pureza.

Aplicación práctica

  • No midas la presencia de Dios por lo que sientes, sino por lo que Él ya prometió.
  • ⁠Recuerda testimonios pasados: si fue fiel ayer, lo será hoy.
  • ⁠Practica la quietud intencional: apaga el ruido, ora sin prisa y escucha.

Tal vez hoy no tienes todas las respuestas. Pero tienes algo más poderoso: tienes al Dios que gobierna sobre el caos.

Y cuando Él habla, hasta la tormenta se calla.

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